Tu mano.



¿Qué es tu mano si no me acaricia?
Si no se desliza por mi espalda,
si no viaja y me hace acompañarle,
si traviesa no finge estar dormida y luego ataca.

¿Qué es tu mano si no me despide?
Si no se alza en lugar de la palabra adiós,
si no se cierra al sentirme lejana,
si fría no se guarda en el bolsillo de la impaciencia.

¿Qué es tu mano si no me extraña?
Si no refleja la angustia en las uñas,
si no se transforma en el puño de la impotencia,
si áspera no se cubre con la nostalgia.

¿Qué es tu mano si no me espera?
Si no se mueve nerviosa,
si no rechaza el roce de suaves manos,
si fuerte no se mantiene con el caer de las noches.


7 de julio del 2013.


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Todos los escritos, así como imágenes son de mi completa autoría salvo aquellos que expresamente indique que no lo son y muestre claramente quien es su autor.

Flor silvestre.



De la tierra arranqué mis pies un día,
la libertad me llamó y salí corriendo,
en lo alto un orgulloso Sol me sonreía,
las flores a mi paso se estaban meciendo.

El aire tibio mis pétalos despeinaba,
la mayor de las nubes reía envidiosa,
un árbol viejo con su cabeza negaba,
sentí espinas de la malhumorada rosa.

El pasto crecido mi tallo rozaba,
el agua llegaba hasta mí como sonido,
la tierra a sollozos me llamaba.
aves miraban desde su nido.



Las piedras burlonas me han tirado,
mi hoja izquierda protesta; se ha roto,
la esperanza me levanta del verde prado,
me sumerjo despacio en el agua y floto.

Puedo ser un pez si cierro los ojos,
ser un ave o mariposa volando,
el atardecer con sus tonos rojos,
una estrella a lo alto brillando.

Con una sonrisa del mundo me voy,
no me pesa la brevedad de mi vida,
la felicidad es eterna si existe hoy,
es simplemente mi nueva huida.




12 de Mayo de 2013.
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Reflexiones de una flor marchita.


Conversando con una pequeña flor sobre la vida, la tarde se agotó y aquí les traigo lo que ha quedado en mi mente de nuestra charla de aquel día. Estoy segura que la florecilla del jardín pudo haberlo escrito mejor. (19 abril 2013).



Somos aves con las alas rotas,
ratones con ínfulas de león,
corderos con piel de lobo,
tortugas sin caparazón.

Somos agua salada; nos llamamos mar,
hielo y nieve que olvidan su origen,
gotas resbalando en las ventanas,
los cauces de los ríos.

Somos las ausencias que duelen,
las compañías que transforman,
sombras que no siguen a sus dueños,
almas con pies.

Somos el aire que se cuela en los rincones,
huracanes de amor incomprendido,
brisas marinas hechas suspiros,
exhalaciones de cuerpos.

Somos la tinta que se ha secado,
ese libro que nadie quiere leer,
cuentos enamorados de novelas,
escritos en piel.

Somos dientes de león al viento,
margaritas deshojadas por amor,
el veneno de la hiedra,
las espinas en las rosas.

Somos el faltante del rompecabezas,
la palabra difícil de hallar,
una pieza de ajedrez sin estrategia,
la salida falsa del laberinto.

Somos licor barato de cantina,
las uvas fermentadas,
néctar de frutas prohibidas,
el sabor del café.

Somos el abril robado de Sabina,
el soma de Huxley,
la canción desesperada de Neruda,
El Grito de Munch.

Somos las nubes negras en el cielo,
la profundidad del mar,
los misterios del universo,
la tierra y el suelo.